miércoles, 25 de noviembre de 2020

Hoy se ha muerto D10S

La muerte siempre nos conmociona. Nos descoloca, nos moviliza. A todos, o casi todos, nos ha tocado vivir la muerte de un padre, una madre, hermano o un amigo. Un ser querido como se lo verbaliza desde un lugar común. Siempre he sido un tipo duro de lágrimas, tal vez por haber sido criado en una época donde a los hombres no se les permitía llorar o, tal vez, sea una cuestión de carácter. Sin embargo, hoy, tengo un nudo en la garganta, ese preludio antes de la tormenta de lágrimas. Hoy se murió D10S. Hoy se murió Diego, el Diez.

Ni siquiera hace falta nombrarlo por su apellido, lo mismo sucede cuando uno dice “el General” o “el morocho del Abasto”, no hace falta decir nada más.  Y no es casual. No me equivoco si digo que Diego está a la misma altura que Perón y Gardel. Los tres tuvieron y tienen sus detractores, cada uno en lo suyo. Todas las grandes personalidades los tienen. Imagino que quienes fueron contemporáneos de la muerte de Gardel o Perón, deben haber sentido algo similar a lo que siento ahora: una tristeza infinita por la muerte de alguien que no era mi familia, solo un ser querido.

Es la segunda muerte de Diego que me toca transitar, porque la muerte de Diego fue doble. La primera cuando Diego se retiró de la práctica activa del futbol, hoy la definitiva, esa que es para siempre.

Más arriba hablé de los detractores, esos que siempre estigmatizaron a Diego por ser villero, porque no le perdonaron jamás que alguien nacido en Fiorito les diga en la cara lo hijo de putas que son. Diego siempre se le plantó al poder, y el poder le cayó con toda su fuerza. El poder y sus empleados mediáticos, esos que practican el lustrabotismo periodístico. No hace falta que los nombre, todos los conocemos, enciendan la TV ahora y verán a muchos de ellos representando el papel de conmovidos. Diego les sigue dando de comer aún muerto.

Pero a Diego nunca pudieron entrarle desde lo futbolístico por fue el mejor jugador de futbol del mundo de todos los tiempos. A Diego le entraron por sus errores como ser humano. ¿pero quiénes somos nosotros para juzgar a otro ser humano? Porque Diego era eso un ser humano. Diego les dejó a sus detractores la única ventana abierta por donde podían entrarle, y le entraron y le dieron en el lugar que más le dolía: en el Diego jugador de futbol. Mataron al futbolista y se olvidaron de la persona, del ser humano.

Diego, el ser humano; Diego, la persona; Diego el futbolista se nos fue y no sé cómo gambetear tanta tristeza, tanta bronca porque se cortó el hilo de nuestro barrilete cósmico y remontó vuelo hacia la eternidad.