martes, 20 de diciembre de 2016

¿Para que queríamos ser grandes?

Hace algunas semanas me vi en la obligación de empezar a usar anteojos -para leer-, el reloj te esta diciendo que se empieza a escapar la letra chica.
Ya estoy grande, me dije, mientras miraba como me quedaban -los tuertos- pero no en un espejo, sino con la cámara reversible del teléfono celular.

En eso estaba cuando se coló la pregunta "¿para que era que queríamos ser grandes?"

Como todavía tenía el celular en la mano le mande un mensaje con la pregunta a mi amigo del alma; que con la claridad de un filósofo me dijo: "para coger". Sin embargo la pregunta buscaba una respuesta mucho mas pretérita y primordial.

Rápida y fulminante, como una trompada de Roberto Mano de Piedra Durán, llego la respuesta con olor a recuerdo y sabor a nostalgia. Ese recuerdo, esa respuesta, era la obligación de darle la mano a papá, mi viejo, para cruzar la calle. "Dame la mano --dijo-- cuando seas grande vas a poder cruzar solo"

Ya soy grande. Los anteojos para leer así lo sentencian, pero... desearía poder darle, otra vez, la mano al viejo...

Esa mano que me enseño tantas cosas, por las buenas y por las malas. Que me enseño a pescar, por ejemplo, esa mano que clavó mil y un pejerreyes por las lagunas de buenos aires.

Esa mano que nunca tembló.

Esa mano que laburó, laburó, laburó y laburó...

Para que quería ser grande... si ahora quiero volver a darle la mano al viejo una vez mas.

martes, 5 de julio de 2016

La Vergüenza

Soy un tipo muy vergonzoso. Los que me conocen se cagarán de risa al esta afirmación. Pero es así. Soy vergonzoso. Créanme, es un gran problema.
 
La vergüenza es una asesina serial de oportunidades.
 
La vergüenza es una enfermedad.
Las obras sociales deberían aceptar enfermos de vergüenza. Estoy enfermo. Muy grave.
 
Conocí Carapachay queriendo ir a Puente Saavedra. Todo por no preguntarle al chofer donde me tenía que bajar. ¿y por que? Por vergüenza.
 
Tenía la esperanza (la esperanza es tan mierda como la vergüenza) de ver un puente sobre una calle que se llamara Saavedra y ahí bajarme o un puto cartel que dijera Bienvenido a Puente Saavedra. Pero no.
 
Hace quince años que trabajo en la misma empresa. Hace quince años que me gusta una mina que trabaja ahí. Llevo habladas con ella 3000 palabras. Ustedes se preguntarán ¿y la vergüenza donde quedó? El problema es que sólo son dos palabras: Hola y Chau... dos palabras multiplicadas por 20 días laborales durante 12 meses a lo largo de 15 años, descontando 40 días al año que no nos hayamos cruzado. (Espero no haberme equivocado con las cuentas porque me daría mucha vergüenza)
 
A veces, solo en mi casa, trato de hacer memoria para ver donde empezó esto y me remonto a un episodio de mi niñez y creo que la culpa es de mi vieja, que me mandaba al almacén del "gallego" a comprar sin plata: "decile a Don Manolo que te lo anote que yo voy después y arreglo". Esto a mi me daba una vergüenza terrible. Ya de mas grande, al leer Mafalda, me vine a enterar que en esos años todos los almaceneros eran gallegos, se llamaban Manolo y todos llevaban una libreta de fiado.
 
Me daba vergüenza ser pobre.
Hoy ya no soy pobre, pero me quedé con la mochila de la vergüenza a cuestas.
Quisiera volver a nacer y ser como muchos políticos de hoy: RICOS SINVERGUENZAS!!

domingo, 3 de julio de 2016

A la Sombra de La Etiqueta Negra

Querias probar Adoración y Devocion
las que viste en la vidriera
Querias probar ser Religion...
y te equivocaste de cura confesor
Mi Religion vivia en al Abasto
y se mudo
y aun habita el mismo corazon
Tenes el Alma Negra
pero no alcanza para ser Oscura
Llevas varias cruces a cuesta
pero no alcanza para ser Religión