viernes, 8 de agosto de 2014

Cuelgues: La Vida Detrás del Vidrio Polarizado

La frase del título me lo dijo un amigo a modo de recriminación. Me gusto la frase, y me hizo pensar en como van cambiando las cosas con el tiempo, como un polarizado que nos va poniendo la vida.

Iba pensando en eso, manejando y mirando a través de los vidrios polarizados de mi auto, cuando veo por la vereda una mujer muy bonita. Enseguida baje la ventanilla para decirle algo lindo, aprovechando que el tráfico estaba detenido por el semáforo.

Asomo un poco la cabeza, con una sonrisa y tratando de decir algo ingenioso en los breves segundos que tenia para captar su atención, agradarle y tal vez, con mucha suerte terminar tomando un café. La ventana de la oportunidad se cerró abruptamente al decirle el piropo y el único que me miro fue un viejo verdulero que se sonrió con malicia.

Lo que fallo no fue mi creatividad. El fallo no lo produjo un inoportuno bocinazo que tapo la bella poesía instantánea. Tampoco influyo la vereda rota, que ella supo esquivar como Diego a los ingleses en el 86. El problema fue que ella llevaba clavado en los oidos los auriculares, vaya a saber si de su i-tune o su smartphone, mas que smart en ese momento se me antojó lo más estúpido del mundo.

El semáforo se puso verde como la esperanza de ponerla esa noche. Doble en la avenida Córdoba rumbo a a casa mientras pensaba en como se ha muerto esa vieja costumbre argentina de levantar minas desde la butaca del auto a piropo limpio o con dos toques de bocina, cortos y seguidos para llamar la atención de las damas que van regalando belleza, desparramando caderas a diestra y siniestra.

En realidad no se ha muerto, ha sido asesinada por la tecnología. La misma tecnología que casi liquida a la industria de la música. La digitalización de canciones, tranformando los zurcos del LP en bytes en discos magnetizados y componentes de silicio. Hoy el 90% de las mujeres que caminan por la calle, o van sentadas en el bondi o subte, van con la vista perdida en por la ventanilla o la mirada clavada en el piso y en los oídos le susurra Hernan Casiardi desde Vórterix o Arjona les endulza el corazon desde la 100. El otro 10% que no llevan auriculares puestos son señoras grandes. Viejas chotas para dejar el eufemismo de lado. Tal vez un 1% de esas viejas todavía tiene un lomo que amerite bajar al pesebre un rato, pero el inconveniente es que seguramente sean sordas y mal entiendan nuestro piropo y nos manden en cana con el vigilante de la esquina al grito de ¡oficial! arreste a ese acosador degenerado!

Muchos me podrán decir que esa misma tecnología nos cerró esa puerta de seducción, nos abrió otras: los chat online y las redes sociales. Es verdad. Pero de esas puertas me ocupare en otro post.

Lo que más me preocupa, no se si lo que más me preocupa pero me preocupa, es que este mismo problema ataque a otras actividades a saber el díálogo y la lectura. Estas dos nobles y enriquecedoras actividades ademas de ser atacadas por los auriculares, se ven desplazadas por los chat vía celular. A veces me tomo el trabajo de contar cuantas personas en un vagon de subte van tiqui-tiqui con el celular. Incluso me imagino que dos que van sentados uno al lado del otro en lugar de hablar, lo hace pero a traves del sms. La única excusa para esto es que la persona que te acompaña tenga el aliento fuerte como aliento de indio.

En fin, no reniego de la tecnología, que también me permite expresarme por este medio. Pero les pido a todas las mujeres que lean esto: dejen el auricular que va del lado de la calle un poco flojo y abran nuevamente la ventana a los piropos automovilísticos, aunque sean dicho desde una ventanilla polarizada.

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