martes, 5 de julio de 2016

La Vergüenza

Soy un tipo muy vergonzoso. Los que me conocen se cagarán de risa al esta afirmación. Pero es así. Soy vergonzoso. Créanme, es un gran problema.
 
La vergüenza es una asesina serial de oportunidades.
 
La vergüenza es una enfermedad.
Las obras sociales deberían aceptar enfermos de vergüenza. Estoy enfermo. Muy grave.
 
Conocí Carapachay queriendo ir a Puente Saavedra. Todo por no preguntarle al chofer donde me tenía que bajar. ¿y por que? Por vergüenza.
 
Tenía la esperanza (la esperanza es tan mierda como la vergüenza) de ver un puente sobre una calle que se llamara Saavedra y ahí bajarme o un puto cartel que dijera Bienvenido a Puente Saavedra. Pero no.
 
Hace quince años que trabajo en la misma empresa. Hace quince años que me gusta una mina que trabaja ahí. Llevo habladas con ella 3000 palabras. Ustedes se preguntarán ¿y la vergüenza donde quedó? El problema es que sólo son dos palabras: Hola y Chau... dos palabras multiplicadas por 20 días laborales durante 12 meses a lo largo de 15 años, descontando 40 días al año que no nos hayamos cruzado. (Espero no haberme equivocado con las cuentas porque me daría mucha vergüenza)
 
A veces, solo en mi casa, trato de hacer memoria para ver donde empezó esto y me remonto a un episodio de mi niñez y creo que la culpa es de mi vieja, que me mandaba al almacén del "gallego" a comprar sin plata: "decile a Don Manolo que te lo anote que yo voy después y arreglo". Esto a mi me daba una vergüenza terrible. Ya de mas grande, al leer Mafalda, me vine a enterar que en esos años todos los almaceneros eran gallegos, se llamaban Manolo y todos llevaban una libreta de fiado.
 
Me daba vergüenza ser pobre.
Hoy ya no soy pobre, pero me quedé con la mochila de la vergüenza a cuestas.
Quisiera volver a nacer y ser como muchos políticos de hoy: RICOS SINVERGUENZAS!!

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